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Me he tropezado recientemente en internet con un artículo de la revista de arquitectura argentina ” Página 1/12″, en el que se hace referencia a Jane Jacobs, la autora de un libro titulado sobre urbanismo (o los efectos sociológicos del urbanismo) titulado “La vida y la muerte de las grandes ciudades” (The death and life of Great American cities). Reconozco que desconocía a la autora y su publicación, y he agradecido enormemente habérmela encontrado.

Aunque los textos se refieren a las consecuencias nocivas de la planificación y renovación urbana tradicional en EEUU, son extrapolables a la situación actual en Europa (y en España) dónde en algunas ciudades estamos migrando nuestro modelo tradicional de ciudad mediterránea compacta y de mezcla de usos, por modelos segregacionistas que han fracasado en otras partes del mundo. Seguro que, explicando así el urbanismo a la ciudadanía, los técnicos conseguiríamos un apoyo mucho mayor a la hora de hacer valer nuestras tesis.

Comparto a continuación un extracto de éste artículo:

“Lo que plantea la autora es que un barrio funcionando debidamente, con la debida mezcla de usos y personas, es capaz de contener y proteger a quienes pasan por allí, sean vecinos o ajenos. Esto se explica con ejemplos muy concretos de accidentes y problemas atendidos por vecinos, de esquinas que dan miedo y esquinas donde se espera el colectivo en paz. También se habla en los mismos términos de chicos jugando en la vereda y siendo “educados” por la comunidad, y de la vereda como espacio de contacto social entre desconocidos y personas muy diferentes, que agudamente es definida como la función más importante de las ciudades.

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Lo mismo se aplica a los parques, a los monoblocks, a las avenidas comerciales: razones concretas para éxitos o fracasos concretos. Jacobs hasta explica, con tanta caminata, por qué las cuadras cortas son mejores que las largas, cómo es suicida destruir el patrimonio edificado y cuánto daño hacen los autos a los barrios. El centro exacto de su utopía urbana es la diversidad, de usos y de gentes, y asumir que la función principal de una ciudad es crear contactos. Uno de sus capítulos más brillantes e influyentes es el que estudia los monobloques construidos por Moses como solución para los problemas sociales. Moses masacró barrios enteros de Nueva York, cuadras y cuadras de edificios pequeños y en mal estado donde se vivía mal y se exhibían las patologías de la vida urbana. El reemplazo fueron hectáreas de césped con bloques de departamentos aislados en sus plazas, con centros urbanos en los grandes patios internos formados por cuatro o más bloques. El resultado fue una patología urbana aún mayor, por la pérdida de todo sentido de comunidad. Los habitantes de estos edificios se vieron físicamente separados de sus vecinos, en un diseño que hacía que los transeúntes literalmente cruzaran la calle y caminaran por el otro borde, el que mantenía la normalidad de edificios variados, comercios y la línea municipal continua. Harlem quedó marcada por décadas por estos experimentos en ingeniería social.

Dejo también aquí unos extractos del libro, y un análisis sobre su obra.

 

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